Alostasis energética interoceptiva: un puente entre salud metabólica y la depresión

Ilustración del cerebro humano que representa la alostasis energética interoceptiva y su papel en la conexión entre salud metabólica, interocepción y depresión.

La comorbilidad entre los trastornos mentales y la enfermedad metabólica constituye uno de los grandes retos de la medicina contemporánea. Las personas con depresión presentan una mayor prevalencia de obesidad, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2, y, de forma recíproca, los pacientes con enfermedad metabólica muestran una mayor incidencia de sintomatología depresiva. Esta asociación es robusta, bidireccional y no se explica únicamente por factores de estilo de vida, efectos secundarios farmacológicos o desigualdades en el acceso sanitario.

En este contexto, el modelo de alostasis energética interoceptiva propuesto recientemente por Mehrhof y colaboradores ofrece un marco integrador especialmente relevante para la PNIE. Este modelo plantea que la relación entre metabolismo y salud mental no es lineal ni unidireccional

Esquema del modelo de alostasis energética interoceptiva que muestra la interacción entre señales interoceptivas, predicción cerebral, regulación energética y la aparición de síntomas metabólicos y depresivos.

Una regulación energética disfuncional puede provocar un desajuste entre los niveles de energía reales y percibidos, de modo que estos se subestiman sistemáticamente. La alteración de la alostasis energética tiene consecuencias en el comportamiento, la salud metabólica y los síntomas depresivos, que retroalimentan el sistema disfuncional.

Interocepción y predicción: regular antes de que aparezca el desequilibrio

La interocepción se refiere al conjunto de procesos mediante los cuales el sistema nervioso central detecta, integra e interpreta señales procedentes del medio interno: niveles de glucosa, hormonas metabólicas, estado inflamatorio, señales viscerales, etc. Estas señales no se procesan de forma reactiva, sino predictiva, es decir, intentan anticipar las demandas fisiológicas futuras.

Desde esta perspectiva, el cerebro no espera a que aparezca un déficit energético para responder, sino que genera modelos internos que estiman las necesidades energéticas y ajustan la conducta, la motivación y la fisiología para mantener la estabilidad a través del cambio. La regulación del apetito, el gasto energético, la actividad física y los estados motivacionales depende de esta integración continua entre señales interoceptivas, experiencias previas y contexto ambiental.

Señales metabólicas y neurocognición

Las hormonas metabólicas clásicamente asociadas al balance energético, como la insulina, la leptina, la grelina o el GLP-1, no actúan únicamente a nivel periférico. Todas ellas acceden al sistema nervioso central y modulan circuitos dopaminérgicos implicados en recompensa, motivación, aprendizaje y toma de decisiones.

La evidencia revisada por Mehrhof et al. muestra que alteraciones en estas señales (por ejemplo, resistencia central a la insulina o a la leptina) modifican la sensibilidad a la recompensa, el esfuerzo percibido y la motivación para la acción. Estas mismas alteraciones se observan de forma consistente en la depresión, especialmente en los subtipos caracterizados por hipersomnia, hiperfagia, anergia y anhedonia.

Desde una mirada PNIE, esto refuerza la idea de que los síntomas afectivos y motivacionales no son epifenómenos únicamente psicológicos, sino expresiones de una regulación energética alterada a nivel sistémico.

Inflamación, eje intestino-cerebro y nervio vago

El modelo incorpora también el papel de la inflamación sistémica como mediador clave entre disfunción metabólica y cambios neurocognitivos. La inflamación crónica de bajo grado, frecuente en obesidad y diabetes, se asocia a una reducción de la señal dopaminérgica y a una menor disposición al esfuerzo, favoreciendo estados de apatía y menos ganas de moverse de manera espontánea.

Además, se destacan otras vías de comunicación cuerpo-cerebro, como el nervio vago y el eje intestino-cerebro, que transmiten información desde el tubo digestivo al sistema nervioso central y participan en la regulación del estado motivacional y emocional.

Implicaciones clínicas de la alostasis energética interoceptiva desde una mirada PNIE

El núcleo del modelo propuesto es que puede existir un círculo negativo y retroalimentado entre conducta, metabolismo y estado mental. El resultado es una percepción persistente de baja energía, que favorece conductas de conservación energética (menos movimiento, más ingesta), empeora el perfil metabólico y refuerza síntomas depresivos, cerrando así el bucle.

Este modelo tiene implicaciones clínicas profundas. En primer lugar, sugiere que determinados perfiles depresivos, especialmente aquellos dominados por síntomas energéticos y motivacionales, podrían beneficiarse de intervenciones metabólicas y de estrategias dirigidas a mejorar la interocepción.

En segundo lugar, abre la puerta a intervenciones combinadas que integren abordajes nutricionales, ejercicio físico, regulación circadiana, trabajo interoceptivo y tratamiento psicoterapéutico, no como líneas paralelas, sino como elementos que actúan sobre un mismo sistema regulador.

Finalmente, este marco refuerza una idea central en PNIE: la salud mental y la salud metabólica no son dominios separados, sino expresiones distintas de un mismo proceso de regulación biológica integrada.

Conclusión

La alostasis energética interoceptiva ofrece un marco teórico sólido para comprender la comorbilidad entre depresión y disfunción metabólica desde una perspectiva integradora. Al situar la regulación energética predictiva en el centro de la experiencia afectiva, este modelo permite superar dicotomías clásicas entre cuerpo y mente, y abre nuevas vías para la investigación y la práctica clínica en la PNIE.

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Referencia

Mehrhof, Sara Z., Hugo Fleming, and Camilla L. Nord. “An interoceptive model of energy allostasis linking metabolic and mental health.” Science Advances 11.39 (2025): eady4356.

Imagen de Pau Oller

Pau Oller

Dietista, nutricionista, fisioterapeuta. PNIE. Máster en fisiología integrativa.

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