La Default Mode Network (DMN) o red neuronal por defecto: el valor perdido del aburrimiento

Ilustración conceptual de un cerebro humano en el espacio, mostrando las cuatro funciones principales de la Red Neuronal por Defecto (DMN): recuerdos, simulación del futuro, reflexión y procesamiento emocional.

Hace no tanto, aburrirse formaba parte de la vida. Esperar el autobús, hacer una cola o simplemente no hacer nada eran momentos habituales.

Y, aunque no lo pareciera, ahí pasaban muchas cosas.

La mente se iba. Aparecían recuerdos, ideas, preocupaciones… incluso soluciones que no habíamos encontrado antes.

Hoy esos espacios casi han desaparecido. No porque no tengamos tiempo, sino porque ya no dejamos ningún hueco sin llenar.

Desde la neurociencia, esto tiene un nombre y una explicación: la red neuronal por defecto (Default Mode Network (DMN)).

Cuando no hacemos nada… el cerebro sí

Durante años se asumió que el cerebro en reposo estaba inactivo. Sin embargo, los estudios de neuroimagen empezaron a mostrar algo distinto: cuando no hay una tarea externa que capte nuestra atención, ciertas regiones cerebrales no se apagan, sino que aumentan su actividad de forma coordinada.

Este patrón dio lugar a lo que hoy conocemos como Default Mode Network (DMN) o red neuronal por defecto.

La DMN incluye estructuras como:

  • corteza prefrontal medial 
  • corteza cingulada posterior 
  • precúneo 
  • lóbulo parietal inferior 
  • regiones temporales 


Estas áreas muestran una actividad sincronizada durante estados de reposo despierto y están implicadas en procesos internos complejos.

Lejos de ser un estado “inactivo”, la DMN sostiene lo que podríamos llamar vida mental interna.

Y es precisamente ahí donde aparecen esos pensamientos que van y vienen sin un objetivo claro, los recuerdos personales o las simulaciones de futuro. 

No es un modo pasivo. Es un modo orientado hacia dentro.

La mente errante y la red neuronal por defecto no son ruido

Cuando se activa la DMN, aparecen procesos que a menudo etiquetamos como “distracción”, pero que en realidad son esenciales para:

  • recuperación de memoria autobiográfica 
  • simulación de escenarios futuros 
  • reflexión sobre uno mismo 
  • procesamiento emocional 


Diversos trabajos han mostrado que esta actividad espontánea está estrechamente relacionada con la construcción de la identidad y la continuidad del yo a lo largo del tiempo 

Es decir, no solo recordamos o imaginamos: nos estamos organizando internamente. Comprender el papel de la red neuronal por defecto permite reinterpretar estos estados como procesos adaptativos y necesarios.

Un cerebro que alterna entre dos mundos

El cerebro funciona en equilibrio entre dos grandes modos:

  • uno orientado hacia fuera (atención, tareas, objetivos) 
  • otro orientado hacia dentro (DMN) 


Cuando uno se activa, el otro disminuye. Este equilibrio dinámico es clave para la flexibilidad cognitiva y la regulación emocional 

El problema aparece cuando uno de los dos modos, el interno, empieza a desaparecer de la ecuación.

El smartphone y la desaparición del tiempo vacío

Aquí entra el cambio cultural. Hoy prácticamente no existen momentos sin estímulo.

Cualquier espacio de espera se llena automáticamente con contenido: redes sociales, noticias, vídeos, mensajes.

Y eso tiene efectos medibles.

Estudios de resonancia magnética funcional han mostrado que el uso problemático de smartphones y redes sociales se asocia con alteraciones en múltiples redes cerebrales, incluyendo redes atencionales y de control ejecutivo 

Además, investigaciones recientes sugieren que incluso la mera presencia del teléfono puede reducir la capacidad cognitiva disponible (Ward et al., 2017).

No es solo cuánto lo usamos. Es que hemos eliminado las condiciones necesarias para que aparezca la DMN (red neuronal por defecto) .

No es solo entretenimiento: es evitación

Cuando desaparece el estímulo externo, lo que aparece dentro no siempre es cómodo.

De hecho, estudios clásicos como el de Killingsworth y Gilbert (2010) mostraron que la mente divagante no siempre se asocia a bienestar, especialmente cuando deriva en rumiación.

Pero evitar ese espacio tiene un coste.

Porque en esos momentos también se integran experiencias, se procesan emociones y se generan nuevas conexiones.

¿Utilizamos el smartphone solo por entretenimiento… o también para escapar de ese diálogo interno que a veces nos incomoda o incluso nos asusta?

El smartphone ofrece una salida inmediata:

  • estímulo rápido 
  • recompensa dopaminérgica 
  • interrupción del pensamiento interno 


Desde un punto de vista funcional, es una forma de regulación… pero también de evitación.

Qué ocurre cuando dejamos de activar la DMN

Si reducimos sistemáticamente estos estados internos, podemos empezar a ver consecuencias a distintos niveles:

  1. Menor integración de la experiencia: La DMN participa en la organización narrativa del yo. Sin estos procesos, la experiencia queda más fragmentada.
  1. Alteración de la regulación emocional: Se ha observado que patrones disfuncionales de la DMN están implicados en trastornos como depresión y ansiedad, especialmente en forma de rumiación excesiva 
  1. Reducción de la creatividad: Estudios experimentales muestran que tareas aburridas pueden aumentar la creatividad posterior.
  1. Mayor reactividad: Sin espacio para procesar, las decisiones tienden a ser más impulsivas y menos reflexivas.

Una mirada desde la PNIE

Desde la PNIE, la DMN puede entenderse como un espacio de integración.

Aquí convergen:

  • señales interoceptivas (la información que el cuerpo envía al cerebro sobre lo que está ocurriendo en su interior)
  • memoria 
  • emoción 
  • cognición 


No es solo pensamiento abstracto. Es regulación.

Cuando este sistema no se activa lo suficiente:

  • aumenta la desconexión cuerpo-mente 
  • se dificulta la regulación del estrés 
  • la conducta se vuelve más reactiva 


Esto encaja con la idea de que la salud no depende solo de lo que hacemos, sino también de los espacios donde dejamos de hacer.

Recuperar el aburrimiento (sin romantizarlo)

No se trata de eliminar la tecnología ni de idealizar el aburrimiento.

Pero sí de recuperar ciertos espacios:

  • caminar sin estímulos 
  • esperar sin distracción 
  • dejar momentos de silencio 
  • reducir la hiperfragmentación atencional 


Pequeños cambios que vuelven a abrir ese espacio interno.

Para terminar

Quizá el aburrimiento nunca fue un problema. Quizá era una función.

Una puerta de entrada a procesos que el cerebro necesita para mantenerse equilibrado.

Y quizá la pregunta no es cómo evitarlo… sino si todavía sabemos sostenerlo cuando aparece.

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Referencias

  • Azarias, F.R. et al. (2025). The Journey of the Default Mode Network. Biology. 
  • Áfra, E. et al. (2024). Altered functional brain networks in problematic smartphone use. Brain Imaging and Behavior. 
  • Raichle, M.E. et al. (2001). A default mode of brain function. PNAS 
  • Killingsworth, M.A., & Gilbert, D.T. (2010). A wandering mind is an unhappy mind. Science 
  • Ward, A.F. et al. (2017). Brain drain: The mere presence of one’s own smartphone reduces available cognitive capacity. Journal of the Association for Consumer Research 
  • Mann, S. & Cadman, R. (2014). Does being bored make us more creative? Creativity Research Journal
Imagen de Marcello Soi

Marcello Soi

Farmacéutico, nutricionista y PNIE. Docente del Màster PNIE Xevi Verdaguer

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